Voy a poner un ejemplo de cómo podemos entenderlo, al menos como yo lo entiendo; cuando hablamos de representativo estamos diciendo que las personas elegidas democráticamente nos representa en los asuntos de nuestra ciudad, pero nosotros no intervenimos ni nuestro parecer es utilizado, en cambio, cuando hablamos de participativo nuestras preocupaciones y problemas se transforman en problemas de la comunidad y que nuestros electores intentan solucionar, porque es algo que salido de la base de nuestro pueblo.
Todo esto es un aprendizaje; no se aprende en soledad, sino en relación con otros. Un bebé aislado durante mucho tiempo puede perder la facultad del habla. Necesita oír palabras, oír voces que se dirijan a él directamente, debe interpretar el sonido o la entonación para detectar dulzura, seguridad, peligro o angustia, condena o reprobación. Si esto lo trasladamos a nuestros políticos de ahora, que lejos están; no detectan nada, pasan olímpicamente de nuestras necesidades, ellos dicen lo que es necesario o no necesario; no entienden de intercambios, de participación, de críticas, de discrepancias. Lo que necesitan estos políticos son nuevas ideas y contribuciones para que se produzca ese misterio dinámico que se llama vivir y convivir entre personas.
Estamos ante un momento crítico de nuestra democracia, y tenemos que actuar antes de que sea demasiado tarde, por eso ofrecemos un proyecto que genera ilusión, que sea capaz de engendrar maneras humanas de hacer una política de consenso, donde la palabra no se pierda por el viento, donde el “otro” es lo más importante, donde se aprende a escuchar para construir.
Nadie tiene soluciones mágicas, ni nosotros tampoco, pero al menor queremos morir en el intento, pues esa verdad nos acompañará siempre. Recuerdo aquellas palabras de un condenado a muerte, donde decía, me podéis matar pero jamás me arrancareis la verdad que llevo dentro.
Animo a esa juventud que se ve falta de valores y que tiene ansia de búsqueda de un camino que allane los obstáculos que la sociedad les pone.
Algunos nos dicen que esta utopía nos matará, pero prefiero morir por ella. Hay que aprender a admitir, tolerar y apreciar relaciones desiguales, aprender a compartir y estimar la equidad.
Recordemos este relato que me ha enviado un amigo: “Un maestro oriental vio cómo un alacrán se estaba ahogando, y decidió sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. El maestro intentó sacarlo otra vez y otra vez el alacrán lo picó.
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: “Perdone maestro, ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua el alacrán lo picará?”. El maestro respondió: “La naturaleza del alacrán es picar, el no va a cambiar su naturaleza y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar y servir”. Y entonces ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida”.
No permitamos jamás que la conducta de otras personas condicione la nuestra. Sencillo, ¿no crees?
Gracias amigos,
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